Gracias


Anoche tuve que ir a imprimir unos papeles para mi trabajo a una papalera de esas enormes que estan de moda, esas tiendas de autoservicio que son tan grandes que uno siempre encuentra lo que no está buscando, pero ese es tema para otra entrada.

Para que entiendan mi historia voy a platicarla desde el principio.

Fui a imprimir unos documentos a un Office, una sucursal chiquita que no tiene muchas cosas, pero eso si, todos los servicios de impresion que les caben en el localito. A pesar de que no habia mucha gente era impresionante lo mucho que se estaban tardando en atender a todas las personas.

Como terapia ocupacional me dí a la tarea de observar a las personas que estaban en el establecimiento, tanto clientes como empleados, todos desesperados, cansados de sus respectivas jornadas, es ahi donde empece a detenerme a pensar en la forma en la que la gente se comporta dependiendo del rol que cada uno de nosotros juega en un determinado momento. A veces nos toca ser clientes y en otras ocasiones nos toca antender a nuestros “clientes” y lo pongo entre comillas porque muchos pueden decir que no venden nada, pero estoy seguro que de vez en cuando todos atendemos a alguien, a un jefe, a una pareja, a un hijo a un padre, a alguien; el punto es que cuando estamos en el rol de “atender” podemos llegar a ser tan pacientes y procuramos tantas opciones como nos son posibles para que la o las otras personas queden satisfechas, sin embargo a veces no pasa asi, a veces esas otras personas (parejas, jefes, padres, hijos) se vuelven tan malagradecidos, tan intransigentes y a veces caen en el extremo de ser tan pedantes y soberbios que llegan a sacarnos completamente de nuestras casillas y apesar de que estamos mas alla del borde de nuestra paciencia no explotamos, nos contenemos, nos aguantamos.

Pero que pasa cuando entamos en el otro lado, en el rol de “ser atendidos”, se nos olvida lo desesperante que puede ser tratar con alguien que no quiere o no puede entender nuestro punto de vista, se nos olvida que nosotros tambien “atendemos” a alguien y se nos olvida que nosotros tambien nos cansamos y tambien cumplimos con un deber.

Ayer pude ver la cara de indiferencia que los clientes tienen hacia las personas que los atienden, esa altivez del que siente poder sobre otro ser humano y la soberbia del que siente tener mas derecho que otro, después mire a los chicos que antendian el local, cansados, fastidiados, saturados de tareas con la mejor intención de sacar el trabajo de la mejor manera y lo mas rapido posible para poder irse a descansar.

En ese momento me dió coraje ver como la empatia por los otros seres humanos es un bien escaso en estos días, tal vez si existiera esa empatia este sería un mundo mejor para todos, pero eso ya es volar demasiado y la verdad no me gusta tirarme tanto a la imaginación.

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~ por Explorador en 30 mayo 2008.

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